Hace unos meses se implementó un programa de alimentación saludable en las escuelas. Sin duda, es un paso importante hacia una mejor salud infantil. Sin embargo, para que realmente funcione, no basta con cambiar los productos de la cooperativa. Es necesario que el cambio sea gradual, acompañado y comprendido por toda la comunidad escolar.
Padres, maestros y el personal de las cooperativas escolares desempeñan un papel clave. No se trata solo de “educar” en el sentido tradicional, sino de compartir conocimiento y conciencia: explicar el por qué detrás de cada decisión alimentaria.
Los niños están en una etapa de crecimiento y desarrollo en la que requieren energías suficientes y nutrientes de calidad. Su alimentación influye directamente en su capacidad para aprender, jugar, concentrarse y convivir.
Los productos empaquetados ricos en azúcares añadidos ofrecen energía rápida, pero sin los nutrientes que el cuerpo necesita. Su consumo frecuente puede traer consecuencias a corto, mediano y largo plazo: cansancio, desregulación del apetito, sobrepeso, colesterol elevado y, más adelante, riesgo de enfermedades metabólicas.
Implementar un programa de comida saludable debe ser un proceso gradual y educativo, que incluya:
1. Información clara sobre qué alimentos aportan qué nutrientes y por qué conviene reducir los ultraprocesados.
2. Talleres prácticos con padres, maestros y personal de cooperativas, donde se aprendan alternativas reales y accesibles basadas en comida mexicana.
3. Transición progresiva, evitando el rechazo o la confusión al retirar de golpe los productos habituales.
4. Comunicación constante: materiales sencillos, carteles, degustaciones, actividades con los niños y espacios de retroalimentación.
5. Apoyo desde casa, reforzando los mismos hábitos que se promueven en la escuela y viceversa.
Un programa bien acompañado no solo mejora la nutrición infantil, sino también el ambiente escolar, el rendimiento académico y la relación con la comida.
Además, es fundamental que estos programas cuenten con la participación activa de nutriólogos, para asegurar un abordaje correcto, equilibrado y adaptado a las necesidades reales de cada grupo de niños.
Como nutrióloga, cuento con talleres diseñados para padres de familia y personal educativo, donde abordamos de manera práctica y sencilla cómo lograr que estos cambios sean sostenibles, disfrutables y basados en alimentos reales.
Fuentes de referencia
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Afeiche, M. C. et al. (2021). Consumption of added sugars among U.S. infants and toddlers. Nutrients, 13(9): 3012. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8445636/
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https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39480913/
Hernández-Cordero, S., et al. (2022). Intervención para modificar hábitos alimentarios en los refrigerios de escolares de una ciudad fronteriza México / Estados Unidos. Global Health Promotion, 29(1),