Cada año llega diciembre y, con él, un ritmo distinto: vacaciones, reuniones, posadas, visitas a la familia y a los amigos. Son días en los que nuestra vida social se activa de manera natural; al final, somos seres sociales y gran parte de nuestra conexión sucede alrededor de una mesa.

En estas fechas aparecen platillos que rara vez vemos el resto del año: preparaciones más elaboradas, más dulces, más cremosas, más festivas. También llega el ponche, los postres, el vino, el brindis. Y claro: las porciones suelen ser más generosas. Durante mucho tiempo, este tema se ha visto con preocupación: “subo de peso”, “me pasé”, “debería compensar”. Pero vale la pena mirar esto desde otra perspectiva.

La psicología detrás de comer en familia y con amigos

Varios enfoques en psicología y comportamiento alimentario señalan que comer en compañía aumenta el disfrute, reduce el estrés y favorece la conexión emocional. En estudios de alimentación social se ha observado:

  • Que comer con personas queridas nos hace sentir más seguros, lo que mejora la digestión y la experiencia sensorial.
  • Que las comidas festivas funcionan como rituales, los cuales fortalecen la identidad familiar, cultural y comunitaria.
  • Que al compartir platillos tradicionales se activan memorias afectivas, evocando momentos de infancia, hogar y pertenencia.
  • Que en ambientes relajados, como las fiestas decembrinas, la comida cumple una función social: no es solo nutrición, también es vínculo.

Esto explica por qué en diciembre sentimos distinto el acto de comer: no es solo el platillo, es el contexto emocional que lo acompaña.

La ciencia también lo confirma

Investigaciones recientes en psicología de la alimentación muestran que nuestras decisiones cambian según el contexto social. El fenómeno conocido como social facilitation of eating (facilitación social de la alimentación) indica que solemos comer más cuando estamos acompañados en comparación con cuando comemos solos, especialmente en celebraciones (Ruddock et al., 2019).
Esto no implica algo negativo; simplemente refleja que la comida en grupo es más placentera y emocionalmente significativa.

Además, estudios sobre influencia social al comer han encontrado que la familiaridad con quienes compartimos la mesa modifica cómo percibimos la comida y la experiencia en general: comer con personas cercanas incrementa la comodidad emocional y el disfrute (Young et al., 2022).

Por otro lado, trabajos de divulgación han destacado que las comidas compartidas pueden reducir la sensación de soledad, favorecer la salud mental y fortalecer los vínculos (Cohen, 2023).
En resumen: en estas fechas no solo comemos por hambre, sino por comunidad, tradición y conexión humana.

No se trata de prohibirnos, sino de encontrar un balance

Intentar “controlarlo todo” en estas fechas suele generar culpa y ansiedad. Y justamente lo contrario a lo que buscamos: disfrutar, descansar, reconectarnos.

Más que ver diciembre como un reto, puede ser un buen recordatorio de algo más profundo:
el balance no pertenece solo a la temporada, sino a todo el año.

Cuando vivimos con equilibrio la mayor parte del tiempo, diciembre no nos desordena; solo se vuelve una pausa cálida dentro de la rutina. Y, desde la nutrición, este equilibrio no viene de prohibiciones, sino de hábitos que se sostienen con flexibilidad.

Una invitación para estas fiestas, Este año, más allá de contar calorías, te invito a:

 Disfrutar la comida sin miedo, con gratitud y presencia.
Apreciar la compañía, las risas, las historias y los abrazos que no se repiten dos veces igual.
Crear nuevos recuerdos alrededor de la mesa.
Recordar que el balance se construye día con día, no solo en diciembre.

Las posadas, las cenas y los brindis son más que un menú: son momentos. Y los momentos, como la buena comida, están hechos para compartirse.

Referencias:

Ruddock, H. K., Brunstrom, J. M., Vartanian, L. R., & Higgs, S. (2019). A systematic review and meta-analysis of the social facilitation of eating. The American Journal of Clinical Nutrition, 110(4), 842–861. https://doi.org/10.1093/ajcn/nqz155

Cohen, S. (2023). Sharing a meal with friends and family could be the key to better mental health. National Geographic. https://www.nationalgeographic.com/health/article/communal-dining-loneliness-epidemic

Young, M. E., Lenne, R. L., & McCrickerd, K. (2022). Awareness of social influences on eating is dependent on familiarity with imagined dining partners and type of eating occasion. Frontiers in Psychology, 13, Article 841422. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.841422